Son un monumento a la soledad, al paso del tiempo, al silencio. A ese silencio que solo pueden mantener ellos entre ellos, para siempre y por siempre. Un silencio que habla, que llora y que grita aunque nadie les mire ni nadie les oiga.
9 de octubre de 2011
MOBILIARIO URBANO
Publicado por
Marta Parreño
