la red


cuando no haber existido
era la única forma de haberse salvado,
descubrió la red invisible
que mantenía el orden intacto

estaba tejida de luces y formas, 
raíces profundas y afectos pequeños,
intuiciones doradas, 
tensiones,
palabras no dichas, 
un gran amasijo de sueños estrechos

cuando sobraban la piel, las venas, los huesos,
se arrancó los ojos para dejar de ver
y ver -así- la vida al completo


*Imagen de una pintura de Alexandra Levasseur.

lombrices

-------------------------------------------------------------------------------------

se metió en sus pensamientos
de una forma tan brutal
que cuando quiso salir
ya estaba atrapado
en una maraña de sesos
húmedos y resbaladizos

como esas largas lombrices
que aparecen después de
una larga
tormenta
perfecta

fiel habitante de su enrevesado cerebro
acostumbrose a la dulce viscosidad
y aún sigue allí -en perpetuo reposo-
dispuesto ya nunca a hallar la salida


* Imagen de la Cabeza de Medusa, de Caravaggio (1597).

fuga

-------------------------------------------------------------------------------------

me voy callada y en silencio,
-despacio- tal como llegué,
arrastrándome para que no me vean
ni me escuchen los que sí te comparten
la vida, las calles, los cafés

como si nada de esto hubiera existido

me marcho descalza y desnuda,
algo magullada también,
para que crean que nunca he estado,
para no dejar huellas
ni ensuciarte este suelo impecable
que abrillantas con tantísima fe

solo la cama, el amor y la vida
me quedan de este tiempo
del que conservo lo que no se ve:
el sentimiento, la sangre caliente, el deseo
y la certeza de lo que nunca jamás tendré


* Dos luchadores bajo la naturaleza muerta con flores y rosas de Vincent Van Gogh (1886).

brillo

-------------------------------------------------------------------------------------

en una mañana de tormenta
dejé un pendiente caído en tu cama

-ahora escúchame y haz lo que te digo-

recógelo
ponlo en el mismo centro de tu mano
y cierra el puño

duerme con él
traspásale tu calor
-ese que me lleva a la fiebre cada vez que me tocas-
todo el amor
-ese que me regalas, intermitente, en este tiempo fastlove-
también la energía, la blanca
-esa que te inunda por dentro y rebosa 
a tu paso por donde quiera que flotes-

y cuando me lo devuelvas
y cuelgue otra vez de mi lóbulo izquierdo
seguro que suelta destellos de luz

lucirá diferente
porque tendrá todo el brillo
de haber dormido en tus manos

* Imagen de La joven de la perla, de Johannes Vermeer.

galáctica

-------------------------------------------------------------------------------------


enroscada en la cápsula circular
avanza imparable a través
de un estrecho túnel de piedra

no hay miedo, no hay tiempo,
no sombra
ni viento

la pequeña nave metálica se dispara
hacia el interior de las propias entrañas
y penetra la ancha montaña
tejida de troncos y arterias
como una bala afilada
directa hasta el centro del ser

el feto adulto que nunca nació
emprende el viaje más largo,
el que deja al viajero sin cuerpo,
sin cara, sin luz
                                 sin regreso

centro

-------------------------------------------------------------------------------------

intento llevarte hasta el centro
pero la superficie brillante te basta

qué delicada y urgente la línea que nos une
qué grueso el muro que nos separa

trato de perforarlo, escalarlo,
pero me he hecho daño en las manos,
en las arterias y hasta en el corazón,
que se me ha quedado seco y frío
de tanto golpear sorda y ciega

y a veces no logro llegar hasta ti
no, no logro llegar hasta ti,
solo te escucho lejano
solo te adivino esa luz

intento llevarte hasta el centro
pero esta suave superficie te basta,
te distrae, te seduce, te atrapa
y te aleja de todo lo que yo
aún busco en lo oscuro y entre
las grietas de cada madrugada 

*Imagen de La Grande Bateliere de Leonor Fini (1977).

cada mañana

-------------------------------------------------------------------------------------


cada mañana me creo de nuevo
para dejarme morir en la noche,
cuando la fría luz de la luna
se ha tragado ya entero el pasillo,
la habitación, y la butaca vieja
que encontré en nuestra esquina

cada mañana resucito
para poder encontrarte
y así reencontrarme de nuevo,
como aquella primera vez en lo oscuro,
como tantas veces contigo

entera, traslúcida, serena,
avanzo solitaria,
siguiendo el hilo invisible
de esta red subterránea
que me devuelve hasta mi

yo cada mañana intento
crearte y crearme de nuevo,
reinventar esta historia
para poder observarte escondida
y así mirarle a la vida a la cara

para asegurarme que no pase de largo
y se olvide de este portal viejo,
de esta casa blanca sin ti,
de esta preciosa aventura tan nuestra
que no cabe ni este poema
ni en ningún otro verso por escribir


* Imagen del cuadro La barca de Caronte, de José Benlliure (1919).