nube negra



dos mil golondrinas sobrevuelan cada mañana esta casa blanca,
         este barco quieto de las alturas,
         el refugio de las horas azules, 
         el palacio -gastado- de todos los vientos 

canto ancestral al son del campanario viejo

los dos cuerpos aun se están despertando cuando ellas 
chillan en su enésimo círculo, 
acabando ya en la vuelta número cien

le gritan al sol y al ensangrentado cielo
que puede que no haya mañana
y quieren que alcemos las manos, la cara, la voz,
que nos lancemos -imprudentes- a este amanecer ilusorio 
                                                                               -tan leve-
mientras caemos en nuestro gran vuelo trivial

* Imagen de la obra Black cloud, de Odd Nerdrum.

escenario

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caracolas de un mar estancado sobre el mármol viejo de la cocina 

restos de barro en la bañera azul,
manchas saladas en los -doce- cristales que asoman
a los tejados del mundo pequeño, redondo, finito

atravesando la puerta invisible
              que parte en dos este tiempo,
la mujer se introduce de noche
en la gran galería -que se abre- tras el negro zócalo del salón

arrastra el vestido nuevo entre los ecos de
dos mil madrugadas que no amanecieron,
se encierra en un cuerpo que también es paisaje,

y se arrastra y se araña y se hiere, y nunca halla el final,
solo la intensa penumbra y un extremo sonido de larvas
envolviendo el espacio intermedio del que ya no saldrá

* Imagen del cuadro La aparición, de Antonio López (1963).

nocturno

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hay dolor en ese árbol,
en la cara oculta de la noche perfecta,
en la cama grande y
tus -largos- brazos de cielo

dolor en la risa,
en su insistente letra,
en nuestra pequeña esquina

dolor en el origen,
en la raíz del primer abandono,
en la del llanto pequeño
que nadie escuchó;

líquida fuente del amor roto,
de la -honda- zanja cavada en mi pecho,
un hacha partió en dos a este ser
que aún se busca -impaciente- en
los confines de un hostil universo

*Imagen de una ilustración de Diego Max.

océano

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hoy el mar me ha dicho que vuelva a escribir

que aunque el cuerpo esté abierto,
se puede volver a coser
con estas letras tan blancas

que si la sangre aún brota,
afuera los ángeles escuchan mi voz
-por muda que sea-

que los restos de este naufragio
ya se secan al sol
quejumbroso, gigante, dorado

que después de esta eterna locura
la vida se mueve de nuevo
naciendo
                        despacio

y que los poemas nunca se fueron con él
que solo era él
el que no había estado


* Imagen del cuadro Caminante sobre un mar de nubes, de Caspar David Friedrich (1818).

vibración

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¿contra quien te miras en el espejo?
el día en que caiga la última máscara
                        ya no estaremos aquí

la energía baja
los amores rotos
la tinta, la imagen, el sexo,
toda esta extraña alquimia se vislumbra
en el vacío de un entorno agitado

se intuye el vacío nervioso y el posado inerte
del que vive -atrapado- en un mundo de ruina

la vibración está descomponiendo las almas
pero agárrate a mi,
a este misterio, a este silencio,
a este no ser siendo todo
cálzate mis zapatos y
a ver si salimos airosos
de esta gigantesca representación cubierta de lodo


*Imagen del cuadro Reproducción prohibida, de Magritte (1937).

mecanismo

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tu corazón colgando de un hilo
en el borde de mi mesilla de noche

como un reloj de cuco
se balancea -callado-
y me suaviza los sueños
con su tic tac misterioso

atmósfera de sangre y latidos

sé que dejará el suelo perdido
el día en que caiga
y explote contra el suelo 
-tan frío-
que lloraré al recoger los pedazos
por no haber sabido enseñarte 
a coser tu reloj junto al mío

enigma

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eones de tiempo habrán de pasar
para que tú
-mujer-
seas vista, por él,
en todas tus formas


* Imagen de la obra Mujer en tres etapas, de Edvard Munch (1895).

en el cajón

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esta noche dormiré contigo;
tú no lo sabes
pero me guardaré un montón de minutos

tengo un cajón lleno de respiraciones, de latidos,
de momentos muy quietos
de esos que quedan vibrando por siempre
en algún lugar perdido del espacio-tiempo

me he quedado algo
cada vez que has venido
y ya me estoy haciendo
tan grande
y tan rica
que pronto tendré que pedirte
que pares,
que no me cabe ya tanta magia,
que repartamos la vida
a todos los que no entienden
ni saben
-ni nunca sabrán-
lo que tu y yo hemos tenido


*Imagen del cuadro Psique abriendo la caja dorada, de John William Waterhouse (1903).

creces

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sentí al encontrarte
-dolor-
por no haber podido estar toda la vida contigo,
por haberme perdido
la cristalización de tu esencia,
por haberte llegado tan tarde

sentí al perderte
un alivio
por haber entendido
que tiempo -y distancia- no existen

que estuviste
                       estás
                       y estarás
haga lo que haga ese cuerpo tan leve

veo ahora -en la forma, en el gesto-
que llevas todas las vidas conmigo

lo escucha el silencio,
lo saben las magas
y esta urgencia tan pura
de ver como creces estirando
la materia que conforma mi alma

* Dibujo de Nunzio Paci.

origen

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salir de esta caja de huesos que me contiene
y gritar que no quiero
este cuerpo de sangre

que quiero volver al oscuro agujero del que un día
emergí,
desencajando a la madre,
materializando a un ser viejo en esta carne cruda -a estrenar-

salir de esta maraña de venas
y volver al plácido hueco -esférico- metálico,
que impulsó el origen y roció todas mis células
            con polvo muy fino de estrellas


* Imagen de la obra Visions, de Jefferson Muncy.