brillo


en una mañana de tormenta
dejé un pendiente caído en tu cama

-ahora escúchame y haz lo que te digo-

recógelo
ponlo en el mismo centro de tu mano
y cierra el puño

duerme con él
traspásale tu calor
-ese que me lleva a la fiebre cada vez que me tocas-
todo el amor
-ese que me regalas, intermitente, en este tiempo fastlove-
también la energía, la blanca
-esa que te inunda por dentro y rebosa 
a tu paso por donde quiera que flotes-

y cuando me lo devuelvas
y cuelgue otra vez de mi lóbulo izquierdo
seguro que suelta destellos de luz

lucirá diferente
porque tendrá todo el brillo
de haber dormido en tus manos

* Imagen de La joven de la perla, de Johannes Vermeer.

galáctica

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enroscada en la cápsula circular
avanza imparable a través
de un estrecho túnel de piedra

no hay miedo, no hay tiempo,
no sombra
ni viento

la pequeña nave metálica se dispara
hacia el interior de las propias entrañas
y penetra la ancha montaña
tejida de troncos y arterias
como una bala afilada
directa hasta el centro del ser

el feto adulto que nunca nació
emprende el viaje más largo,
el que deja al viajero sin cuerpo,
sin cara, sin luz
                                 sin regreso

centro

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intento llevarte hasta el centro
pero la superficie brillante te basta

qué delicada y urgente la línea que nos une
qué grueso el muro que nos separa

trato de perforarlo, escalarlo,
pero me he hecho daño en las manos,
en las arterias y hasta en el corazón,
que se me ha quedado seco y frío
de tanto golpear sorda y ciega

y a veces no logro llegar hasta ti
no, no logro llegar hasta ti,
solo te escucho lejano
solo te adivino esa luz

intento llevarte hasta el centro
pero esta suave superficie te basta,
te distrae, te seduce, te atrapa
y te aleja de todo lo que yo
aún busco en lo oscuro y entre
las grietas de cada madrugada 

*Imagen de La Grande Bateliere de Leonor Fini (1977).

cada mañana

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cada mañana me creo de nuevo
para dejarme morir en la noche,
cuando la fría luz de la luna
se ha tragado ya entero el pasillo,
la habitación, y la butaca vieja
que encontré en nuestra esquina

cada mañana resucito
para poder encontrarte
y así reencontrarme de nuevo,
como aquella primera vez en lo oscuro,
como tantas veces contigo

entera, traslúcida, serena,
avanzo solitaria,
siguiendo el hilo invisible
de esta red subterránea
que me devuelve hasta mi

yo cada mañana intento
crearte y crearme de nuevo,
reinventar esta historia
para poder observarte escondida
y así mirarle a la vida a la cara

para asegurarme que no pase de largo
y se olvide de este portal viejo,
de esta casa blanca sin ti,
de esta preciosa aventura tan nuestra
que no cabe ni este poema
ni en ningún otro verso por escribir


* Imagen del cuadro La barca de Caronte, de José Benlliure (1919).

alumbramiento

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abrir todas las venas y vaciar
el rojo sobre la alfombra nueva
para que quede empapada
de la líquida vida vieja

desvestirse de la piel propia
y dejarla tendida sobre la cama,
muy cerca de la almohada
que esta noche te llevarás al otro lado
en busca de lo que nunca encuentras

atravesar, no sin pesar,
el estrecho túnel que se abre
entre tus propias piernas,
haciendo crujir tus caderas,
desencajando el cuerpo roto,
pariéndote con el dolor
de la que nace sumado
al de la que habrá de parir

porque no se nace para toda la vida,
la mujer se alumbró a sí misma
a través de tardes muy densas,
de andaduras opacas y frías
que, aunque nunca acabaron,
nunca hacen más que empezar


* Imagen del cuadro La cama volando, de Frida Kahlo (1932).

la niña negra

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si le cautivan las tinieblas
es porque en ellas
rastrea -e intuye- lo insólito

útero fértil de vida interior
las pieles a veces le saben amargas
las mentes -castradas- se quedan en nada
los huesos, las venas, la piel
le encierran el alma

al calor de las tinieblas
la niña negra
observa y sonríe callada

espera, confía, emerge,
inspira y expira la vida tapada

¿de dónde ha salido esta niña tan negra?
repite la madre extrañada

la niña tan negra salió del origen y el fin,
que convergen en una línea de luz
en el mismo centro de toda la Tierra


* Imagen del cuadro San José Carpintero, de Georges de la Tour (1642).

raíces

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hoy me recojo en una
cálida oscuridad telúrica
de gusanos, raíces y larvas

un día de claridad 
entendí que la superficie 
no era lugar para mi 
y metí la cabeza 
bajo el suelo de piedra

luego hundí el cuerpo entero
en la tierra húmeda y fría
y la espina dorsal se enroscó
como la cáscara de un caracol
que hibernaría, fosilizado,
hasta un futuro remoto

las andanadas de dolor,
el griterío, la confusión,
todas las máscaras
se quedaron afuera
y yo me acurrucaba, gozosa,
en mi estrecha guarida orgánica

pero no conseguí que los gritos cesaran

cuando el oído se hizo al vacío,
cuando el cuerpo se hizo al silencio,
al tiempo volvió el desorden y el ruido

y hoy, algunas veces,
se escucha a lo lejos
el dolor del que, arriba, 
aún se está despertando


* Imagen del cuadro Europa después de la lluvia, de Max Ernst (1940).