EN EL JARDÍN



Estoy sola en el jardín con un libro abierto en el regazo. Con un montón de palabras de otro que descansan sobre mis piernas.

Se oye el trino de un pájaro que no descansa y hojas que se acarician con el viento. Interminables orgías en las copas de los árboles encima de mí.

Viento agradecido en una tarde de calor que pasa por debajo de mis piernas, por entre mis dedos. Que hace bailar mis mechones. Que me hace cosquillas en la cara aunque mi cuerpo está dormido y pesado, ausente.

Ahora ese viento se irá a buscar a otro a quien despertar, a quien acariciar. Y luego a otro y luego a otro. Un montón de suaves despertares en cadena en hamacas de jardines de todos los lugares.

Mis párpados se despegan con dificultad. Pesan mucho.
Veo lucecitas en el césped. Son los rayos que se filtran rectos entre las hojas. Luces y sombras que se mueven al compás del viento y del trino del pájaro que no descansa.

Dormir o despertar aquí, ahora, es exactamente lo mismo. Creo que es la paz, que se encuentra sólo en algunos lugares, en algunos momentos y en algunas personas.
Hoy, aquí, se ha quedado un buen rato conmigo.

CASTELLS 25



Estaba al final de un callejón sin salida. En un rincón de trastos viejos. Detrás de una puerta muy azul.

Casita pequeña de colores, canciones y mujeres.

Oasis de yeso y uralita, arrinconado entre paredes llenas de palabras. De risas, lágrimas y confesiones. De verdades enteras y mentiras a medias. De puñales y de besos.

Era la visión del futuro en unas cartas gastadas. Era olor a incienso. Era un cojín rojo con forma de corazón. Los crujidos de las escaleras que subían hasta la terraza de suelo ondulado. Era el frío que te paralizaba en invierno. Era un baño en el patio.

Taponaron sus ventanas con cemento y agonizó durante meses.
Hasta que la tiraron con toda su vida dentro.

Oasis de madera y cemento, arrinconado entre canciones, relatos y recuerdos.

Y aún hay quienes creen que ya murió.
(Nunca estuvo tan viva.)

Castells 25. Barcelona. Ellas y yo. 

elenalauratoniamariamartaandreasusinuriataniamiasoniagala

LA ESPERA



Muchas mañanas se sienta en el mismo banco. Sobre todo si hace sol. 
Se coloca en la esquina, al lado de un gran vacío. Y espera.

Siempre el mismo gesto. Erguida, dispuesta. Pies juntos, bolso en mano y cabeza moviéndose hacia los lados.

Oscila.

Ronda los 80 y viste flores y diadema. Melena blanca. Zapatos blancos. Mirada negra. Oscura, profunda, que ahoga y que asusta. Cuello arrugado con mil cadenitas de oro repletas de medallas. Todas juntas y mezcladas. Toda la riqueza acumulada en todo su tiempo.

Está dispuesta a levantarse en cuanto llegue alguien que no llegará.

Y pasas por delante y levanta la cabeza. Y te mira y te das cuenta de que sabe muy bien que espera algo que ya no existe.

Y te pones triste porque sabes que esa espera que le da la vida no es otra cosa que la espera misma de la muerte.

DE ESPALDAS



Vivimos de espaldas. A los otros, a la vida, a nuestra propia esencia.
Compartimos el mundo pero lo hemos subdividido en millones de mundos pequeños, estrechos, prácticamente inhabitables. Nos hacemos los ciegos, los mudos y los sordos. Nada nos importa y nada nos afecta. Hemos perdido la perspectiva, y ya poco podemos hacer.

Muchos no tienen ni idea de qué es lo que hacen aquí. 
Tampoco se lo plantean.
No sirven para nada. No aportan nada.

Sombras de personas que nacen, se reproducen y mueren. Solo cuerpos que se transforman con el tiempo. Carne y huesos. Ni sienten, ni padecen. Indiferentes, vacíos, huecos.

EN LA PLAZA



Algunas tardes bajamos a la plaza. Cuando el sol empieza a esconderse. Es el mejor momento.  Todo el mundo lo sabe.

Las sombras se alargan interminables sobre los adoquines. Si hiciéramos una foto y elimináramos a todas las personas, solo quedarían sombras estrechas haciendo aguas, moviéndose como si estuvieran en una pecera caliente de piedra gris. Y sobre ellas, decenas –o cientos, o miles, o cientos de miles- de pájaros cantarían histéricos como lo hacen todas las tardes, como si se acabara el mundo. Aunque solo se acaba el día, nada más.

La luz se pelearía por colarse entre cualquier grieta y lo lograría, al fin, haciéndose un hueco entre los edificios rojos repletos de ventanas vacías.

Ayer bajamos con las princesas. Ella siempre lleva algún juguete a los escalones del centro de la plaza. Siempre está soñando. Siempre quiere estar ahí, acompañada de las sombras y de los rayos testarudos, del escándalo de los trinos.

Y ayer junto a los trinos una marea de gente gritaba pidiendo casa y trabajo. Llevaban flores y pancartas y gritaban y gritaban y gritaban. Tanto gritaban que los pájaros se callaron y los rayos les iluminaron. Solo las sombras de la plaza permanecieron flotando en su pecera, indiferentes, quietas, ajenas.

MALEN



Hoy he recibido un mensaje precioso. Una chica me ha escrito para darme las gracias porque se siente acompañada cuando me lee. Dice que siente la necesidad de hacerlo cuando tiene un ratito y lo mejor de todo es que me lee mientras le da el pecho a su pequeña. Me he emocionado.

Desde aquí las gracias vuelan hoy hacia ella, no por leerme, sino por hacerlo como lo hace.  

Porque la forma de hacer las cosas es más importante que las cosas en sí mismas.

Por tomarse la molestia de decírmelo de una manera tan natural, tan limpia, tan de verdad.

Porque me encanta formar parte de un momento tan íntimo como amamantar a un bebé, especialmente si es de madrugada.

Y sobretodo porque los que escribimos, en el fondo, también lo hacemos para sentirnos acompañados. Y si me lees, me acompañas.

DE VIAJE EN SPOON RIVER




“…a través de la carne
gané el espíritu, y a través del espíritu, la paz.” Sarah Brown

“Una verdad moral es una muela hueca
que hay que rellenar de oro.” Sexsmith El Dentista

“…Morí de pie
enfrentándome al silencio, enfrentándome a la perspectiva
de que nadie supiera nada de mi lucha.” Jefferson Howard

“...habéis descubierto, con toda vuestra arrogante sabiduría
lo difícil que es al final
conservar el alma sin que se divida en átomos celulares.” Thomas Rhodes

“Y el triunfar sobre otras almas,
simplemente para afirmar y probar mi fuerza superior,
era para mí una delicia,
el intenso placer de la gimnasia del alma.” Robert Davidson

“La mente ve el mundo como una cosa aparte,
y el alma hace del mundo una cosa consigo misma.” Ernest Hyde

APOYADOS EN LA BARRA

Me invitan a un programa de radio en el que cada semana un poeta captura la esencia de un cortometraje y le dedica un poema. ¿Hay algo más bonito que eso? He sido tan afortunada que gracias al programa Radio Círculo, dirigido por Edu Cardoso, David Alfaro Simón ha escrito un poema inspirado en mi cortometraje “Una flor en recepción”. Estas cosas deben compartirse. Es una obligación moral. Porque todavía hoy hay desconocidos que regalan belleza a cambio de nada. Y en los tiempos que corren eso es más que mucho.

Tantos codos en la barra

que faltan dedos para contar.


Un bostezo amanece en el redil;

El aire le hace creer que es libre

y la discusión calienta el puchero

justo antes de la cena de los martes.

Le dijeron que había malos

y él solo se lo creyó.

Le dijeron que no pensara

y le dio por imaginar

que, seguramente, tendría que haber buenos.

Incluso, dicen, le dio por pensar,

en la existencia de un orden lógico

donde su mano no podía cambiar

el lugar que tenía su mano;

Ni contar los dedos de los codos

que se apoyan en la barra.


El aire le hace saber que es libre

como buen ignorante redimido

que no imagina que también

respiran los esclavos,

ni que hay esclavos

que pierden la esperanza manteniendo la fe

antes de saber que son esclavos.


Y todo porque cambiaron los nombres

de los buzones y las puertas

mientras dormías por la noche;

en ese justo momento

en que menos importa el aire,

porque se toma realmente en libertad.


Vinieron entonces a tocar el timbre,

abalados por un futuro

que esquivaba el beriberi,

esa enfermedad tan de pobres

que es mejor tratar de olvidar,

sin caer en que el hambre aprieta más

cuando se tiene lleno el estómago

y vacío el porvenir.


No creas que van a tener ganas

de charlar contigo cuando seas anciano.

No dudes nunca que tendrán a tu edad

los mismo años que tú tienes ahora

y las mismas ganas de hablar con los ancianos.

Y tarde ya vas a comprender

que podías haber tomado decisiones,

cambiar tu mano con tu mano

y prever que los malos hacen las cosas

que te aseguran no puedes tú hacer.


Y será ese día cuando descubras

que te engañaron y que ya no queda

imaginación ni tiempo para enmendarlo.


Porque, ahora por fin sabes,

lo que ellos tanto tiempo te ocultaron:

Es imposible contar mientras tienes los codos

apoyados en la barra.

LOS HERMANOS PANERO


Vista "Después de tantos años", película documental de los hermanos Panero, a uno se le queda el cuerpo raro, la boca seca y el alma un poco fracturada. Tiene mucha oscuridad y mucha tristeza pero sobretodo sobretodo tiene mucha verdad. Y eso es lo que duele. La historia es cruda, sin aditivos, por eso hiere y le deja a uno tocado (y hundido). Bravo por un final luminoso que hace que aún podamos tragar saliva.

Recojo algunas frases de Leopoldo, el poeta maldito, que solo escupe versos cargados de balas que van directos al cerebro. Y de regalo, un pedazo del poema "En el oscuro jardín del manicomio". Sumérjanse y disfruten.


"Yo creía en el valor épico de la locura, pero he comprobado que la gente que sufre no tiene por qué ser buena".

"No estoy triste porque me he prohibido todas las emociones. Sufriría mucho. Nadie quiere a un loco".

"Toda la existencia es una obra del miedo. Creo que el Estado existe para amparar al hombre del miedo".

"Todos somos máquinas de sufrir".

"La injusticia mayor es estar loco".

"Echar en el poco de la locura todo lo que no se comprende es algo que no se debe hacer".


EN EL OSCURO JARDÍN DEL MANICOMIO

(...)

Un loco tocado de la maldición del cielo
canta humillado en una esquina
sus canciones hablan de ángeles y cosas
que cuestan la vida al ojo humano
la vida se pudre a sus pies como una rosa
y ya cerca de la tumba, pasa junto a él
una Princesa. (...)

LOS OTROS


Me presento en un rodaje de época en un pueblo perdido de la provincia de Valladolid, un pueblo fantasma que huele a estiércol y donde parece no haber vida hasta que llegamos a la Colegiata. Allí, alguien con muy buen ojo ha decidido rodar una historia ambientada en uno de esos siglos indefinidos donde la oscuridad y la iglesia reinaban en todas las vidas.

Encontramos un caballero montado a caballo, un joven cura con los ojos pintados de negro, un obispo que es el fiel retrato de Ratzinger y una monja enlutada. Es una monja enlutada como podría ser una viuda negra o la imagen misma de la muerte que viene a buscarte.

La primera vez que la vemos lleva un velo negro que le cubre la cara. Es como una presencia con burka de encaje, pero en versión fantasma. En el rodaje es una mera figurante, apenas tiene un par de frases. Pero para mi es la estrella. Pone los pelos de punta. Sus facciones, su ropa, su pose. Su fuerza. Su presencia.

Ahí os la dejo. La laca que hay al fondo demuestra que la foto es actual. Si ese objeto no estuviera todos pensaríamos que la imagen es de otro tiempo. Y es que yo creo que esa mujer se ha equivocado de época.