Entre ser poeta o simplement viure, hi ha una bella possibilitat, que és viure poèticament | Joan Vinyoli
EN MI MUNDO
APOYADOS EN LA BARRA
Tantos codos en la barra
que faltan dedos para contar.
Un bostezo amanece en el redil;
El aire le hace creer que es libre
y la discusión calienta el puchero
justo antes de la cena de los martes.
Le dijeron que había malos
y él solo se lo creyó.
Le dijeron que no pensara
y le dio por imaginar
que, seguramente, tendría que haber buenos.
Incluso, dicen, le dio por pensar,
en la existencia de un orden lógico
donde su mano no podía cambiar
el lugar que tenía su mano;
Ni contar los dedos de los codos
que se apoyan en la barra.
El aire le hace saber que es libre
como buen ignorante redimido
que no imagina que también
respiran los esclavos,
ni que hay esclavos
que pierden la esperanza manteniendo la fe
antes de saber que son esclavos.
Y todo porque cambiaron los nombres
de los buzones y las puertas
mientras dormías por la noche;
en ese justo momento
en que menos importa el aire,
porque se toma realmente en libertad.
Vinieron entonces a tocar el timbre,
abalados por un futuro
que esquivaba el beriberi,
esa enfermedad tan de pobres
que es mejor tratar de olvidar,
sin caer en que el hambre aprieta más
cuando se tiene lleno el estómago
y vacío el porvenir.
No creas que van a tener ganas
de charlar contigo cuando seas anciano.
No dudes nunca que tendrán a tu edad
los mismo años que tú tienes ahora
y las mismas ganas de hablar con los ancianos.
Y tarde ya vas a comprender
que podías haber tomado decisiones,
cambiar tu mano con tu mano
y prever que los malos hacen las cosas
que te aseguran no puedes tú hacer.
Y será ese día cuando descubras
que te engañaron y que ya no queda
imaginación ni tiempo para enmendarlo.
Porque, ahora por fin sabes,
lo que ellos tanto tiempo te ocultaron:
Es imposible contar mientras tienes los codos
apoyados en la barra.
UNA SOMBRA SIN NOMBRE

Un cuerpo negro se guarda del Sol bajo un árbol que no da sombra. Al fondo su casa, un pequeño iglú de paja y barro, y el cielo. Nada más. Un árbol, una casa, una nube. Un cuerpo que yace solo esperando. El olvido. La muerte.
Un coche pasa, le deja unos sobres de comida deshidratada y se marcha. El cuerpo vuelve a quedarse solo. Llegará la noche. Volverá a hacerse de día. Y así infinitamente. Hasta que, una mañana, el amanecer nos enseñe el cuerpo tumbado bajo el árbol tras una noche en que ya no pudo moverse para volver a casa.
Entonces el árbol esquelético por fin podrá alimentarse del cuerpo negro. La espera acaba. La sombra muere. El olvido vence.
*Foto de Xavi Herrero
EL BARRIO DE MANUELA
Si buscas un lugar en Madrid en el que valga la pena perderse para no volver a encontrarse jamás, tienes que ir al barrio de Malasaña, oficialmente conocido como “el barrio de las Maravillas”, una mezcla singular de nuevo y viejo, de vicio, lujuria y castidad, de luz y de mucha oscuridad. Un barrio de esos que solo existen en las grandes ciudades.
GP11
Ya sé que Gran Hermano es una patraña. La Gran Patraña. Que no enseña nada y que si encima hablo de ello le estoy dando coba y publicidad. Lo sé. Siempre he dicho que es mejor darse de cabezazos contra la pared que ver ese programa. Pero es que hay un día, uno solo día, que me permito la desfachatez de verlo: el primero. Ese día en el que entran los concursantes y enseñan presentaciones grabadas de lo que se supone que es más destacado de cada uno de ellos. Es muy gracioso. Parece hecho con sentido del humor, aunque pretenda ser algo serio.¿Lo habéis visto este año? No ha tenido desperdicio. Nada más encender la tele vi a una mujer con una cabeza muy grande –efecto óptico causado por su peinado fashion-, que hablaba gallego y no se callaba ni debajo del agua. Resulta que esta es la madre de otra que concursa, una binguera con unas tetas muy grandes que en la presentación dijo: “Estoy soltera y entera, no para el que me quiera sino para quien yo quiera”, como si hubiera sido poético muy original. Otra salió diciendo que le gustaban los tíos cachas, rubios y con ojos azules y que a ver si metían uno así en el programa (al rato entró uno así en la casa).
Pero lo mejor de todo fue una (que yo creo que tiene que ser actriz porque eso no es normal), que no se despega de una muñeca a la que llama “Rosita” y que dijo que tiene dos personalidades: “La Rebequita, que es la que soy normalmente; y la Rebecota, que es cuando me enfado”. Fue muy surreal. Y salía en su vídeo metiéndose en la cama con su muñequita y un pijama de niña de 8 años.
También, por supuesto, está el guaperas de turno, un tipo de 32 años que tiene, en Estados Unidos, tres hijos de tres mujeres distintas, y uno de cada raza: uno afroamericano, una mexicana y otro de no sé dónde. El tipo lo decía tranquilo y contento, y lo de las razas le encantaba, porque se siente como muy macho y fecundo.
Luego está la jovencita, una rubita de 19 años con cara de ingenua pero bastante bastante guapa que acabará en la portada de Interviú cuando la echen. ¡Ah! Y este año han elegido a un minusválido, un chico murciano que con 16 años se quedó en silla de ruedas por un accidente de moto. “Voy a demostrar que puedo hacer cualquier cosa, como los demás, ya lo veréis”, decía. Y su hermana, en el plató, con lágrimas en los ojos decía que el chaval había luchado mucho por entrar en la casa, que era un sueño. En fin.
¡¡Me olvidaba!! También han metido a un matrimonio, dos chicas que no pueden decir ni que se conocen ni que están casadas. Se las veía muy felices. A ver cómo están cuando salgan de esa casa de locos/as. Luego ya me fui a dormir, tenía sueño. Eso sí, está claro que la que mejor se lo pasa es la Milá, que habla de ellos y con ellos como si fueran sus vástagos.
Se ve que a todos los candidatos les han hecho un montón de pruebas: entrevistas, exámenes psicológicos, chequeos médicos… Y yo no sé cómo se lo montan, que parece que cada año se superan. A ver si algún día deciden hacer un programa con gente normal.
ESCRIBIR ENTRE LÍMITES
Mi profe de guión de cine dice que escribir entre límites es bonito. Cuando lo dijo estuve a punto de levantar la mano para contradecirle, pero no me atreví (cobarrrde). Además él estaba tan empeñado en convencernos de que escribir guiones es bonito que decirle lo contrario hubiera sido casi una falta de educación.