
Eché a volar mi imaginación, cogí un trocito de aquí, un trocito de allá, metí a un joven graciosillo que se comería la pantalla, a una tristeyatractiva mujer madura con mirada de abismo y, lo más importante, una flor de pelo que se convertiría en coprotagonista. Lo mezclé todo y ¡chas! Tras innumerables reescrituras nació esta historia, “Una flor en recepción”.
Un amigo me animó a que lo rodáramos juntos. Pero ese amigo (sí, tú, Manuel), me abandonó. Y yo, despechada, pensé “¡Pues ahora lo voy a hacer yo sola! Con mi dilatada experiencia (un cortometraje y con ayuda) seguro que me sale bien”. Además ¿Sabéis qué? Que yo siempre he tenido una flor en el culo (manera vulgar de decir que tengo mucha suerte).
Hoy, casi un año y medio después de concebir el germen de esta historia, mi querido hijito está de camino. Tras una eterna preproducción (en Valladolid), rodaje (en Madrid) y posproducción (en Barcelona) con inconvenientes de todos los colores y gastos y gastos y más gastos, un disco duro vuela en un avión caminito de mi casa. ¡Esta noche lo veré! ¡Con su color de cine! ¡Con su música de película! ¡Con sus actores grandes grandes! Lo cierto es que ya lo he visto tantas veces que lo he aborrecido un poco, y eso que aún no se ha estrenado. Pero hoy lo veré por primera vez al completo. Y me voy a emocionar. Sí, me voy a emocionar.
Gracias a todos los que habéis hecho posible esta historia. Ya sabéis quienes sois.