Nos pasamos la vida echando de menos cosas y personas. Lugares, emociones, experiencias. Cuando estamos trabajando soñamos con escapar a una isla desierta y cuando nos acercamos al paraíso nos morimos por volver a nuestra rutina. Si estamos en Madrid, queremos vivir en Barcelona y cuando estamos en Barcelona deseamos descubrir todos los secretos de Madrid.Así podría seguir con cualquier situación, especialmente con las que nos hacen ser como somos: con solteros y casados, ricos y pobres, ejecutivos y obreros, con hombres y mujeres. Todos hemos deseados alguna vez ser lo que no somos y anhelamos lo de los demás.
Estamos acostumbrados a crear lazos continuamente, con todos, con todos. A veces, cualquier señal sirve para crear un vínculo y, conforme pasan los años, esos vínculos son cada vez más numerosos. Supongo que esa es la razón que hace que muchos se sientan insatisfechos, que nunca estén a gusto en ningún sitio, porque siempre están alejados de algo.
Pero es como lo de ver el vaso medio lleno o medio vacío. Yo me fijo en los que están a gusto en cualquier situación, en los que sonríen aunque la vida se empeñe en ponerle las cosas difíciles. Esos se olvidan de lo que les queda lejos y exprimen lo cercano. Esos no suelen dejarse invadir por la nostalgia, estrechan lazos, los fortalecen, son constantes y olvidan esa frase hermosa que alguien escribió teniendo los lazos rotos (seguro): "No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió". Es difícil no dejarse llevar por estas palabras, no tararear esta canción que es anhelo puro.
A mí me gusta coger un poquito de cada lado. Me gusta sentir nostalgia. Me hace sentir bien, me pone los pelos de punta. Me gusta pronunciar esas tres sílabas, es un sustantivo increíble. De hecho lo voté en un concurso de palabras que trataba de encontrar a la más bella. Pero también me gusta estrechar lazos y apretar los que ya tengo. La mezcla perfecta: mitad anhelo+mitad lo que tengo/lo que soy.
